Yo soy mujer saharaui (video) y escribo poesía: Soy el Sahara: Seré guerra y cuando sea necesario, seré paz…

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Fatma Galia Mohamed

Fatma Galia Mohamed, es una poetisa saharaui que escribe en español. Nació en los años 70 en El Aaiun, y actualmente vive en el País Vasco. Fatma ha escrito un libro de tradiciones y fábulas saharauis, “Pueblos de sabios, pueblos de pocas necesidades”, y un poemario “Lágrimas de un pueblo herido”, publicado por la Universidad del País Vasco, institución donde realizó sus estudios de periodismo. Uno de sus poemas:

“Niños”

Vi ojos bellos clavados en los míos,

miradas apagadas, sin juguetes ni diversión.

Vi pupilas nubladas, manos tiernas con

mascotas de lagartos y escorpión.

Vi tez morena, pies descalzos correteando,

por los charcos y dunas.

Vi criaturas víctimas del terror, inocencias

que apasionan, rostros que inspiran,

corazones que cautivan.

Vi lo que nadie pudo ver, espejismos

tejiendo cuerdas del pasado,

sombras en el horizonte cultivando claveles

y resplandores en el cielo con

mensajes esperanzadores.

Vi semillas forjadoras del mañana, un

presente con futuro, un porvenir con

varias formas del saber.

Vi tantas, tantas cosas por decir, que sólo mi mente

guarda y mis labios no podrán describir.

Salka Embarek

Salka Embarek es una poeta, comprometida con la defensa de los derechos del pueblo saharaui. Ella vive en Tenerife (Islas Canarias. Así la presenta un diario de la isla:  “Es una de las más activas defensoras de los derechos de los saharauis que hay en la Isla (Tenerife).

Hija de tinerfeños asentados en El Aaiún, Salka recuerda con estremecimiento cómo fue la invasión de esa ciudad y cómo tuvo que escapar en media hora con su madre y sus hermanas. Su padre, Mohamed Embarek, presumía de conocer cualquier rincón del Sáhara y saber dónde estaba solo con oler la arena.

Fue un aprendizaje adquirido tras meses y meses de viajar por el desierto junto con una expedición de geólogos e ingenieros españoles que buscaban las riquezas del subsuelo sahariano. Así se descubrieron los yacimientos de fosfatos de Bucrá, los más ricos en pureza del mundo, de los que Embarka llegó a ser el encargado de la mano de obra.

Sin embargo, Mohamed Embarek, que figura en algunos anales como uno de los fundadores de El Aaiún, no nació en el desierto, sino en Tenerife, al igual que su esposa. Recién casado, alrededor de los años cincuenta, emigró a Venezuela pero le fue mal. Volvió a Tenerife pero enseguida se embarcó de nuevo en busca de un futuro mejor. Y así llegó a Sáhara, en donde ya se habían asentado algunos canarios y peninsulares. Poco a poco, el tinerfeño se hizo saharaui.

Allí, en El Aaiún nació Salka, una de las más activas defensoras de los derechos saharauis que hay en la Isla. Salka recuerda con estremecimiento la Marcha Verde. “Mi padre alertaba al Polisario de cómo el Ejército español se iba retirando de algunos puntos estratégicos allanando el camino a los soldados marroquíes, que entraron en El Aaiún armados hasta los dientes. Mataron a miles de personas y allanaron todas las casas. Un día, mi padre vino muy nervioso a casa y le dijo a mi madre que teníamos que salir de inmediato. La comida quedó en el caldero. No pudimos coger más que nuestra documentación porque nos esperaba una avioneta llena de sacas de correo con destino a Tenerife. En efecto, media hora después de salir de casa, los marroquíes fueron a buscarnos”.

Hace tan sólo unos meses, Salka viajó a El Aaiún. Fue retenida en comisaría por cinco horas. Está advertida: “Algún día desaparecerás en el desierto y nosotros diremos que lo lamentamos mucho”, le susurró un policía. Afortunadamente para ella y para todas nosotras no ha desaparecido, sigue aquí, defendiendo aquello en lo que cree con sus artículos, su palabra y su poesía.

“Soy el Sahara”

Seré guerra y

cuando sea necesario, seré paz.

Seré la paz de la guerra

y el límite entre ambos

lo marcaré yo.

Que no vuelvan a llamarme fanfarrona,

que no vuelva ningún ministro

a provocarme,

que durante los años de mi tragedia,

ya le derribé algunos muros

y logré hacer caer sus falsos estandartes.

No hay gobierno usurpador,

ni cruel,

ni rey tan soberano

que pueda mirarme a los ojos,

y negarme que es culpable.

No podrá porque no ha olvidado

las veces que le he enfrentado,

le he descubierto y ganado.

Mírame bien,

porque el timón está en mis manos,

y el viento sopla a mi favor,

no seré yo la que tema,

no seré yo la que pierda,

ni oirás mis palabras en vano.

Ya soy vieja,

treinta y cuatro años han pasado

pisando mi cuerpo,

bajo metros de tierra enterrado.

Más de treinta años han dejado

en mi boca sabores amargos,

algunos ya no los siento,

otros se han vuelto brazos,

de líderes desconocidos,

de mujeres en esperanza,

brazos de mártires que vuelven

extendidos a la superficie,

acudiendo a mi llamada,

al de esta vieja que soy yo,

y que ahora vuelve joven

y renovada.

Que no me llamen fanfarrona,

porque mis hijos le responden,

que mi voz no es una sola,

soy el Sáhara,

ESCUCHA BIEN MI NOMBRE.

Por un Sáhara libre,

Salka Embarek

Lo femenino como objeto. El cuerpo de las mujeres, de quien es?

Según Silvia Federici, historiadora y activista feminista, en la Europa de la Edad Media las mujeres todavía ejercían un control indiscutible sobre sus cuerpos y sobre el parto. Fue con el advenimiento del capitalismo que se introducen nuevas formas de vigilancia del embarazo y la maternidad y se instaura el infanticidio (cuando el bebé nacía muerto, o moría durante el parto se culpaba y se ajusticiaba a la madre). Es a partir de entonces que las mujeres pierden el control de sus cuerpos y de la reproducción. El trabajo pasa a ser la principal fuente de riqueza y es entonces que el control sobre los cuerpos de las mujeres adquiere un nuevo significado, pasando a ser vistas como máquinas para la producción de fuerza de trabajo y mano de obra. Estas máquinas siguen siendo hoy en día cruciales para la acumulación de capital. Se sigue controlando la producción de la fuerza de trabajo, queriendo decidir cuantos trabajadores están produciendo y en qué condiciones.

El control de la capacidad reproductiva de las mujeres es también un medio de controlar  su sexualidad. La Iglesia ha contribuido enormemente con su ataque a la sexualidad femenina,  a quienes ha tratado de humillar de múltiples maneras, retratándolas como el pecado original y la causa de perversión en los hombres y obligándolas a esconder sus cuerpos, como si estos estuvieran contaminados.

No solo en España, también en Estados Unidos y en otros países se están tratando de introducir leyes que penalizan gravemente a las mujeres y limitan su capacidad de elegir si desean o no tener hijos. En el momento actual, en el que el sistema basa su economía en los avances  tecnológicos, en Estados Unidos, el parto ya se ha mecanizado. En algunos hospitales las mujeres dan a luz en una línea de montaje, con un tiempo determinado asignado para el parto, de modo que si exceden ese tiempo se les hace una cesárea.

A lo largo de la historia, y a pesar de etapas en las que las sociedades se organizaron de forma matrilineal, respetando la fuerza y el poder de lo femenino, la mujer ha sufrido de manera constante la violencia, el acoso y el desmedro de su valor.

Mujeres creativas, artistas, escritoras, científicas, pensadoras han sido a lo largo de los años acalladas en favor de lo masculino.

Hoy asistimos a un grado de violencia brutal: 1200 millones de mujeres en el mundo sufren agresiones de sus parejas o exparejas  o ataques sexuales de terceros. Este es el panorama al que se enfrenta una de cada tres personas de sexo femenino: 133 millones  de mujeres han sufrido algún tipo de mutilación genital en 29 países de Africa u Oriente Próximo. Setecientos millones se han casado antes de los 18 años. Una de cada 10 niñas ha sido sometida a coitos forzados u obligada a mantener otro tipo de relaciones sexuales.

Son los últimos estertores de un sistema patriarcal, herido de muerte: En todos los lugares del mundo las mujeres se están alzando. Asistimos al surgimiento de numerosas agrupaciones, asociaciones, comunidades de mujeres que se unen para defender sus cuerpos, sus vidas, sus tierras, sus hijos y su alimento. Son mujeres profundamente espirituales que han conectado con su propio poder y la sabiduría de lo instintivo, el que les ha acompañado siempre, que saben que ha llegado la hora de levantarse y lo están haciendo con resolución.

Fuente: www.pressenza.com

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