Actualización.- El armisticio de Jaime Castillo Petruzzi – Torito un mes en Chile. Crónica| Jaime Castillo Petruzzi, el retorno de un sobreviviente – JAIME CASTILLO PETRUZZI …en Chile: DIGNIDAD!!! (video) – ¿Quién fue Jaime Castillo Petruzzi y cómo llegó a integrar el MRTA? (TV peruana) – Torito en el aeropuerto de Lima – En libertad “Torito”: Jaime Castillo Petruzzi, preso político chileno, salió hoy, 14/10/2016, desde las cárceles peruanas, luego de 23 años de encierro.

Actualización.- El armisticio de Jaime Castillo Petruzzi

Después de 23 años en distintas prisiones de Perú por una condena de terrorismo, el mirista de 60 años vuelve donde comenzó su historia, una cargada de ideales, pero también de violencia. Ya sin armas en la mano, habla de los aciertos y los errores de su vida como revolucionario.

El armisticio de Jaime Castillo Petruzzi

La gente entra al vagón a empujones, se pone sus audífonos y se concentra en la pantalla de su celular. Nadie levanta la cabeza para hacer contacto visual con el otro. Jaime Castillo Petruzzi ha observado esta escena cotidiana con asombro. No recordaba que Santiago fuera así, “tan individualista”, dice. Tampoco se acordaba de que el aeropuerto fuera tan moderno, que el transporte urbano costara tanta plata y que hubiese tanta variedad en el parque automotriz. “Es impresionante la cantidad de autos bonitos que hay. Es positivo en lo estético, unos modelos maravillosos. Bueno, yo estoy desfasado como 25 años, como si hubiera despertado recién”, comenta Castillo Petruzzi, quien lleva apenas un mes en Chile.

La noche de su retorno fue el 15 de octubre. En Pudahuel lo esperaban familiares, amigos y ex compañeros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Después de responder un extenso cuestionario en Policía Internacional, que se extendió por casi dos horas, Castillo Petruzzi salió a saludar a sus cercanos, que ya comenzaban a impacientarse con la demora. Allí fue recibido por Roberto Márquez, líder de Illapu, a quien había conocido en Francia en los años posteriores al Golpe de Estado. Juntos cantaron el coro de Vuelvo para vivir, el tema que el grupo popularizó a comienzos de los 90 tras regresar del exilio. Posteriormente, Márquez le dedicaría la canción en el concierto aniversario de los 45 años de Illapu, realizado el 12 de noviembre en el Movistar Arena. Castillo Petruzzi estaba en el público, pero no fue reconocido.

El ex mirista ha logrado asentarse bastante rápido. En cuestión de semanas consiguió un trabajo como comerciante de antigüedades, encontró un departamento en Ñuñoa para traer a su familia de Perú y un colegio para sus dos hijos más pequeños. Aun así, se mueve por la ciudad a un ritmo más calmo que el de sus demás habitantes, como disfrutando de una libertad que ya había olvidado luego de 23 años en diversas cárceles de Perú, condenado por delito terrorista como integrante del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) tras un controvertido proceso judicial. “Acá parto de cero, con una mano adelante y otra atrás”, dice.

A simple vista, las huellas de esa historia violenta de guerrilla y cárcel no se notan en Castillo Petruzzi. Hasta que él se decide a contarlo todo, reconociendo los errores que terminaron en crímenes, pero siempre justificando que era en el contexto de una guerra, en nombre de la “revolución”. Hoy, a punto de comenzar una nueva vida a sus 60 años, dice que no ve las cosas de la misma manera: “Nadie puede pensar ni hacer lo mismo después de 23 años detenido. Es imposible”.

La opción del “Torito”

La familia Castillo Petruzzi es originaria de Linares. Jaime nació ahí y fue el primero de sus tres hijos. Cuenta que la miseria lo incomodaba desde chico, cuando jugaba con los hijos de los campesinos. Su padre, Jaime Castillo Navarrete, era un comerciante de licores y militante radical que conocía a Salvador Allende de sus reuniones en la masonería, mientras que su esposa, María Petruzzi Castro, era dueña de casa. Después de algunos años se trasladaron a Santiago, al sector de Ñuñoa, en el eje de Macul.

Castillo Petruzzi asistió al colegio Stanford, cuyo rector era Carlos Martínez Vicente, un comunista republicano español que había huido del régimen franquista. A fines de 1972, el rector decide irse de Chile por temor a enfrentar una nueva guerra civil. El nuevo administrador comenzó a arrendarles espacios a grupos del MIR para realizar sus reuniones. Castillo Petruzzi los veía con admiración. Simpatizaba con los asaltos armados y sus acciones propagandísticas. También percibía que el poder había que tomarlo a la fuerza, que la vía electoral no era viable. “Uno llega a la política, más que por estudios teóricos, por identificación con actores y situaciones”, explica.

Comenzó a militar a comienzos del 73, con 16 años, ya en el Liceo 7 de Ñuñoa. Le decían “Torito” por su contextura robusta y su habilidad para la pelea a mano limpia, que puso en práctica en los choques callejeros con la derecha y en las tomas de colegios. El Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 no los sorprendió. Su unidad territorial era el Grupo Político Militar 3 (GPM-3), que reunía a militantes jóvenes de Ñuñoa, La Reina, Providencia y Las Condes. Esa mañana se sumó a un contingente de 20 militantes en la población Rosita Renard para hacerles frente a las fuerzas del Ejército, pero terminó participando solo de un par de escaramuzas a distancia. “Teníamos un armamento muy casero. No había forma de enfrentar a la dictadura. Fue un saludo a la bandera muy digno, pero también un momento muy duro. Todo nuestro mundo se derrumbó”, recuerda Castillo Petruzzi.

En los meses que siguieron, varios de sus compañeros miristas desaparecieron. Se dice que el GPM-3 fue especialmente golpeado por el conocimiento que el agente de la Dina Osvaldo “Guatón” Romo tenía del sector como antiguo dirigente social en Peñalolén. Castillo Petruzzi no había sufrido represalias, pero su familia y compañeros temían por él. En 1974, repitió cuarto medio en el Liceo 20 por sus inasistencias del año anterior, pero solo se quedó hasta mitad de año. Entonces, su polola y correligionaria, Vanessa, le habló de la posibilidad de dejar el país con ayuda del partido rumbo a Francia. Castillo Petruzzi le pidió ayuda económica a su padre y partió. Llegó a vivir donde sus cuñados, los hermanos de Vanessa, en una pensión universitaria en las afueras de París. Aunque no había terminado cuarto medio, se puso a estudiar historia y conoció el ambiente de la izquierda latinoamericana en el exilio dentro de la Asociación de Estudiantes Latinoamericanos de Francia (Aelaf). En ese círculo trabó amistad con el peruano Víctor Polay, quien sería fundador y líder del MRTA años después. “Eramos como hermanos”, reconoce.

También entabló una relación cercana con Carlos Ominami, su pareja Manuela Gumucio y el hijo de esta última, Marco Antonio Enríquez, hoy conocido como ME-O, el segundo de los tres hijos que dejó el líder del MIR, Miguel Enríquez. “He seguido la carrera política de Marco, su quehacer y su cine. Lo he seguido con mucha ilusión y ahora con mucha desilusión y tristeza con la situación que enfrenta. Me da mucha pena”, dice el “Torito”, refiriéndose a los problemas judiciales de ME-O por financiamiento irregular de su campaña política.

Castillo Petruzzi se quedó hasta 1977 en Francia, donde, además, trabajó estacionalmente como temporero y como mano de obra en el montaje de escenarios para los grandes espectáculos de rock en París. Así vio en vivo a The Rolling Stones, Cat Stevens y Santana. Sin embargo, y pese a lo cómodo que estaba en Francia, decidió seguir las instrucciones de la dirección del MIR y partir a entrenarse militarmente para combatir al régimen de Pinochet en Chile. Esto significó romper con Vanessa, su pareja desde 1971.

Según ha comentado Andrés Pascal Allende, secretario general del MIR por esos años, sus combatientes se prepararon en lugares como Cuba, Nicaragua, Libia, Vietnam y Corea del Norte, que poseían condiciones similares a los lugares cordilleranos donde pensaban impulsar el “teatro de operaciones sur” de la guerrilla chilena. Castillo Petruzzi prefiere no confirmar dónde se preparó, pero señala que el proceso “era continuar la política, pero con otros medios”.

El desastre de Neltume

Para marzo de 1980, Castillo Petruzzi estaba en la precordillera de lo que ahora es la Región de Los Ríos, preparando la resistencia mirista a Pinochet con apenas 10 hombres, como parte del destacamento “Toqui Lautaro”. Había llegado con una identidad falsa -la de su compañero mirista desaparecido Víctor Hugo Acuña- desde Lima y tomado un tren a Temuco para acercarse a la zona. Su familia no sabría nada hasta mucho después, ya que ésta pensaba que él estaba en Mozambique, pues recibían cartas suyas remitidas desde allá.

Durante esos primeros meses en el monte -como dice Castillo Petruzzi-, no tenían armas de fuego, solo cuchillos y machetes. Dormían en carpas y para comer complementaban la cacería con alimentos no perecibles; al desayuno tomaban leche con quaker y azúcar; por las noches, cebaban mate mientras escuchaban alguna radio internacional por onda corta. Ellos simulaban ser estudiantes de Ingeniería Forestal delante de los campesinos de la zona, mientras acondicionaban cuevas como refugios y barretines. Para fines de año, ya tenían las armas y eran cerca de 20 combatientes.

El 27 de junio de 1981, una patrulla militar emboscó al grupo mirista luego de haber sido alertada de su presencia en la zona. Desarmados, se dividen en dos grupos que no se juntarán por algunos meses. El Ejército incautó el campamento base de los miristas, dejándolos en una situación aun más precaria. Luego de un nuevo enfrentamiento con una patrulla, Castillo Petruzzi queda aislado del grupo con su compañero “Pequeco” (Juan Angel Ojeda). Ambos escapan en diferentes direcciones: “Pequeco” decide quedarse en la zona y posteriormente es asesinado. Castillo Petruzzi, en cambio, decidió volver a la ciudad ante la imposibilidad de encontrar a sus compañeros. Inicia una marcha de una semana hacia Temuco con apenas una bolsa de avellanas y charqui como provisión.

“Llegué en un estado calamitoso, después de una semana caminando y metiéndome a la mala en camiones madereros. Cuando avisé era tarde. No pudieron hacer nada sobre los compañeros del monte, pero sí en la ciudad, así que se salvaron vidas”, dice.

Para fines de 1981, la rebelión de Neltume había sido extinguida por el Ejército y 11 miristas habían sido asesinados.

El MIR decidió sacar a Castillo Petruzzi y a su pareja, Beatriz Bataszew, del país en junio de 1982. Partieron de regreso a Francia, donde nació Bárbara, la primera hija de ambos, y luego, en 1983, a Nicaragua, donde nació Claudia. Ahí, Castillo Petruzzi trabajó en el Ministerio del Interior como analista de seguridad y también como periodista en la radio Sandino. Su familia se quedó allá hasta 1988. Por esa época, él comienza a colaborar con el MRTA de su amigo Víctor Polay, que luchaba al mismo tiempo contra el gobierno de Alan García y contra el principal movimiento insurgente de ese país, Sendero Luminoso.

Emerretista

Dice que no está seguro, pero Castillo Petruzzi asume que ha matado. Lo más probable es que haya ocurrido en la provincia de San Martín, en la selva peruana, en combates del MRTA con el Ejército. “Si tienes armas es para usarlas. Participé en varios enfrentamientos, tanto en primera como en segunda línea, pero no tuve tiempo de ver las bajas del enemigo, pero siempre las hubo. Tú nunca sabes si una bala tuya ha causado un herido o una muerte”, asegura.

Entre 1988 y 1990, “Torito” o “Sergio”, como era conocido entonces, viajó constantemente entre Nicaragua, Perú y Chile, que estaba por recuperar la democracia. En ese nuevo proceso, el MIR estaba fraccionado. Castillo Petruzzi trató de unificarlos, pero no lo consiguió, y quedó políticamente a la deriva en su país. Desde Perú tenía el llamado más concreto de Polay, con quien venía colaborando un tiempo, que pidió asistencia para organizar una fuga masiva de prisionero desde la cárcel de Castro Castro, en Lima. El 9 de julio de 1990, 47 emerretistas fueron liberados de prisión a través de un túnel de más de 300 metros. “Iba por tres meses, pero me quedé 30 años”, comenta el guerrillero. Esa decisión significó su separación de Beatriz Bataszew, quien eligió establecerse en Chile luego del retorno a la democracia.

Para ese entonces, el cese al fuego con el gobierno de Alberto Fujimori ya había terminado y éste tomaría una actitud mucho más agresiva contra el MRTA y Sendero Luminoso.

En 1991, Castillo Petruzzi fijó residencia en Lima para hacerse cargo de la planificación logística y estratégica de la unidad especial del MRTA encargada de los secuestros y atentados. Los blancos solían ser grandes empresarios que podían pagar altos rescates. “Los secuestros eran parte de las tareas de aprovisionamiento de la organización (…). Nosotros les llamábamos retenciones. Nunca te olvides de una reflexión de Bertolt Brecht: ‘Robar un banco es delito, pero más delito es fundarlo’. Hubo dos veces en que compañeros a cargo de esas tareas no supieron controlar la situación y provocaron la muerte de los retenidos. No recuerdo los nombres (David Ballón y Pedro Miyasato). Fueron asesinados. Fueron crímenes. Fue mal manejo. Nunca fue la idea de la organización que un retenido muriera”, asegura.

Hay gente que considera al MRTA como un grupo terrorista. ¿Es usted un terrorista? ¿Qué es el terrorismo para usted?

Que nos digan terroristas es un insulto. Es la antítesis de lo que somos y hemos querido ser. El terrorismo existe cuando se inmiscuye a la población civil contra su voluntad y se le causa daño. Tanto el MIR como el MRTA no tenían como política incluir a la población civil en sus políticas de resistencia. Hemos sido educados en el respeto de las leyes de la guerra. Te hablo de fuerzas militares. En el caso de los retenidos por cuestiones económicas probablemente no tienen la misma opinión. No fueron torturados físicamente, pero sí sometidos a un alto estrés psicológico.

¿Eran amedrentados?

Estaban retenidos contra su voluntad en condiciones muy difíciles, pero recuperaban su libertad. Era una pesadilla para ellos, lo entendemos. Pero no era nada personal, era el lugar económico que ocupaban en la sociedad, acumulando en base al atraso y la explotación del pueblo.

¿Es eso justo?

Obviamente, depende del cristal con que lo veas. Para nosotros es una acción de justicia, de reparación a nuestro pueblo, y para otros es un crimen que no tiene nombre.

El 15 de octubre de 1993, la Dirección Nacional contra el Terrorismo (Dincote) coordinó la “Operación Alacrán”, en la que se detuvo a Castillo Petruzzi y otros tres emerretistas chilenos: Lautaro Mellado, María Concepción Pincheira y Alejandro Astorga. Los cuatro fueron acusados ante un tribunal militar de delito terrorista por el secuestro del empresario Raúl Hiraoka y por traición a la patria, sin ser peruanos. “Torito” también fue acusado de integrar la cúpula del MRTA, por su cargo en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de la organización.

El 7 de enero de 1994, luego de pasar meses en bases militares y precarias condiciones humanitarias, un tribunal sin rostro los condenó a cadena perpetua, sin darles a sus abogados derecho a visitar a los acusados ni a los antecedentes del caso por más de media hora. En mayo de ese año, los cuatro chilenos fueron trasladados al penal de Yanamayo, en la ciudad de Puno, a cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Durante el primer año no estuvieron autorizados a recibir visitas.

Estas irregularidades abrieron un espacio para que diversos organismos denunciaran a la Comisión Interamericana de DD.HH. y esta llevara el caso a la Corte Interamericana de San José. En su fallo del 30 de mayo de 1999, el tribunal invalidó el juicio previo por faltar a garantías esenciales y atentar contra el debido proceso. Finalmente, en 2001, el caso fue tomado por tribunales ordinarios y la sentencia de Castillo Petruzzi por delito contra la tranquilidad pública (terrorismo) pasó a ser de 23 años. Estos se cumplieron el 14 de octubre recién pasado. Fue el último de los chilenos en salir.

Libertad

La historia da vueltas. Castillo Petruzzi tiene esa sensación cuando recuerda que Fujimori, el hombre que dijo que lo único que volvería a Chile de los emerretistas nacionales serían “sus huesos”, fue capturado en Chile y luego extraditado de vuelta a Perú, donde cumple una condena de 25 años por violaciones a los DD.HH. Después de mucho tiempo, las posiciones se han invertido.

El lugar donde se encuentra ahora le promete ciertas cosas. Tiene la tranquilidad de que estará en el mismo país que cuatro de sus cinco hijos y junto a su pareja, Maite Palacios. También tiene la esperanza de sacar adelante las carreras de Psicología y Periodismo que dejó avanzadas en la U. Alas Peruanas y que podrá terminar desde acá para seguir una vocación diferente a la “revolución” que guió toda su vida.

Una pulsera en la mano derecha, sin embargo, sirve de recordatorio de todas las guerras que ha librado. Es roja y negra, como la bandera del MIR, y la muestra de que Castillo Petruzzi no se arrepiente de la vida que escogió, de lo que ha hecho y lo que ha sufrido. “No reniego de la vida que he tenido. He sido consecuente con mi verbo y mi acción”, dice.

Torito un mes en Chile.

Crónica|
Jaime Castillo Petruzzi,
el retorno de un sobreviviente

Yasna Mussa |Martes 15 de noviembre 2016 12:09 hrs.

Crónica|
Jaime Castillo Petruzzi,
el retorno de un sobreviviente

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El acusado de traición a la patria en Perú cuenta su retorno después de 23 años de prisión. Amor, odio, pasión y lucha, el relato de una prisión.

Hace justo un mes, a la media noche del 15 de octubre, Jaime Castillo Petruzzi pasó el control internacional del aeropuerto Arturo Merino Benítez. Decenas de personas lo esperaban entre aplausos y  banderas después de una controvertida expulsión del Perú.

Se ha dicho de él que es un terrorista, un combatiente, un asesino, uno de tres líderes del MRTA, un guerrillero, un héroe. Se han dicho muchas cosas, pero hasta ahora Castillo Petruzzi no había tenido la oportunidad de contar su versión. Este es el resultado de tres encuentros en los primeros 30 días de libertad del último chileno del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA) preso en una cárcel peruana.

Cuando faltaban 116 días para su liberación, el chileno Jaime Castillo Petruzzi, ex militante del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y sindicado como parte de la cúpula del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru de Perú (MRTA), comenzó a anotar en una agenda roja la cuenta regresiva. Era la primera vez que ponía atención a cuánto faltaba para salir tras las rejas.  Lo hizo sin pensarlo. Abrió la libreta un día lunes y contó en el calendario cuánto faltaba para el 14 de octubre de 2016, fecha en que terminaba su sentencia.

Hace exactos 23 años, el 14 de octubre de 1993, Castillo Petruzzi apareció en la prensa y televisión peruana al ser capturado tras un intenso enfrentamiento con las fuerzas del régimen fujimorista. Lo que parecían escenas de una película era más bien la operación policial que puso fin al secuestro del empresario Raúl Hirakoa Torres  y a la que le sucederían una decena de hechos irregulares que terminaron con 6 chilenos pertenecientes al MRTA condenados a cadena perpetua por traición a una patria que no era la suya. Aunque la condena parecía absurda, las reglas del juego tenían la arbitrariedad que definen a las dictaduras.

Ese año comenzó un camino de más de dos décadas privado de libertad. En él temió por su vida más que ninguna otra vez, recorrió 5 cárceles peruanas, conoció el amor, rompió un corazón, se distanció de uno de sus hijos y tuvo otros dos. Vivió de manera intensa, como si los barrotes no fueran un límite ni el tiempo una resolución.

Ahora camina por las calles de su Santiago natal mirando asombrado los autos, los nuevos edificios, los viajeros del metro pegados a sus teléfonos inteligentes, las librerías cargadas de publicaciones que tiene pendiente leer. Está de regreso, poniéndose al día con su familia, con manifestaciones de movimientos sociales que demandan No Más AFP o Ni Una Menos, con amigos entrañables con los que nunca perdió el contacto. con sobrinos que sólo conocía por fotos, con la actualidad social del país y  una crisis de legitimidad política que protagonizan muchos de los que antes fueron sus compañeros de militancia.

Primer encuentro: Alan nunca fue mi amigo

Jaime Castillo Petruzzi es alto y fornido, aunque su presencia imponente contrasta con una amplia sonrisa. De esa fisonomía proviene el sobrenombre cariñoso “torito”, con que sus compañeros del MIR lo llamaban cuando apenas tenía 16 años y no dudaba en aplicar las técnicas de kárate que aprendió desde pequeño, cuando la ocasión así lo ameritaba.

Este viernes de primavera, Castillo Petruzzi elige el menú del almuerzo con el entusiasmo de quien había olvidado lo que era elegir una ensalada, un café, mirar por la ventana a los transeúntes y acariciar cada 10 minutos a su segunda hija de 32 años que lo acompaña a la entrevista y lo observa sin creer lo que ve.

-“Tuve que salir de Chile el año 1974 porque a dos vecinos y compañeros de militancia los fueron a detener una noche. Ambos son ahora detenidos desaparecidos”, dice para explicar por qué tuvo que salir de Chile a los 17 años con permiso notarial rumbo a París, Francia.

Allá se instalaría, estudiaría en la Université Vincennes y conocería a personas clave en su vida, como a Víctor Polay, futuro máximo líder del MRTA y  Alan García, quien compartía departamento con Polay y por esta relación más tarde se crearía el mito de una amistad que nunca existió.

-“Se dijeron muchas cosas, como que éramos amigos, pero Alan García siempre fue un déspota que me decía con desprecio: Hola, chilenito”, dice esta tarde, aclarando el falso vínculo.

En  esos  años en París mantuvo la militancia rodeados de otros latinoamericanos provenientes de Brasil, Uruguay, Paraguay, Argentina, Bolivia y, por supuesto, Perú.

Como muchos otros de sus compañeros de partido, se preparó desde el exilio para volver a Chile en la llamada “Operación Retorno”.

En 1980 ingresó clandestino al país, luego de tres años de recibir instrucción militar en otros países y comenzó de inmediato el trabajo asignado por la orgánica partidista. La situación  era  muy  diferente a lo que recordaba: La ciudad silenciosa, los vecinos desconfiados. Superficialmente parecía que no se hablaba de política y el MIR, su organización, ya contaba con muchos desaparecidos y asesinados, entre ellos, el histórico líder Miguel Enríquez.

-”Cuando leí la noticia en la cárcel, sobre algunos ex presos políticos de mi organización  y  de  organizaciones hermanas involucrados en estos escándalos de corrupción, de boletas falsas, me preguntaban: cómo es posible. ¡Incluso el hijo de Miguel! No hay palabras para explicar. Lo único que puedo decir, es que es muy triste”, diría después, al repasar los últimos acontecimientos políticos que involucran a ex militantes de izquierda que fueron parte de la resistencia a la dictadura de Augusto Pinochet.

Con un nombre de chapa y sin que su familia supiera de su regreso, Castillo Petruzzi permaneció en Chile hasta mediados de 1982, cuando un periódico exhibió su fotografía con una leyenda que anunciaba su muerte.

-“Tuve que llamar a mi casa y decir que no era yo el que estaba en la foto. Y mi papá me decía:

¡Hijo ¿estás en Mozambique?!. No papá, estoy acá, le dije. ¿Y las cartas que llegan de Mozambique? Ya te explicaré, pero he estado todos estos años acá”, decía por teléfono a su padre que escuchaba atónito.

Con el plan guerrillero desmantelado y las identidades reveladas, Jaime Castillo se asiló en la embajada  de  Francia.  Esta vez, realizaba el viaje junto a Beatriz, compañera de vida y militancia, quien tenía 4 meses y medio de embarazo.

Se instaló en París, aunque el panorama era muy distinto a su primera estadía: Ahora hablaba francés, estaba próximo a ser padre y debía dedicar su tiempo y esfuerzo en juntar los recursos para esperar a la primogénita, pero la estadía duró poco. Al año siguiente partieron destinados a Nicaragua.

“Ahí teníamos compañeros que colaboraban en la revolución, combatientes que habían estado en la lucha revolucionaria antes, durante y después del triunfo, recuerdo emocionado por eso años en que el Frente Sandinista de Liberación Nacional le había doblado la mano a la dictadura de Anastasio Somoza”. Hoy ve con desilusión el rumbo que ha tomado el gobierno de Daniel Ortega, recientemente reelegido presidente en unas elecciones sin competencia.

En ese país nacería la segunda hija de la pareja y en 1987. Luego, Beatriz decide volver con las niñas a Chile. Jaime se uniría un año después. Mientras, trabajaba con compañeros peruanos con la intención de unificar las luchas.

Pero una vez más el plan falló y entre los detenidos cae el líder del MRTA, Víctor Polay Campos, junto a otros dirigentes del movimiento de izquierda. Castillo Petruzzi es convocado a trabajar en la elaboración del plan de rescate que incluía la construcción de un túnel de 300 metros de largo. Entonces, el “torito” arma maletas, se despide de sus hijas y pone fin la relación amorosa que lo unía con Beatriz. Se incorpora en Lima al trabajo partidario. Para ese entonces, Castillo Petruzzi respondía más al MRTA que al MIR.

Segundo encuentro: 5 minutos al día

La segunda cita transcurre la tarde de un lunes. Jaime está a cargo del negocio donde ha comenzado a trabajar hace apenas una semana y frente a él todo parece novedad. Aunque intentó llevar una vida normal como interno, la cárcel siempre será un paréntesis cuando se trata de tecnología y avances médicos. En este mes de libertad recién aprende a manipular cheques y computadores.

Hoy tiene cita con la oftalmóloga, pues necesita saber en qué estado se encuentra su visión. En la cárcel, hasta lo más mínimo tiene un impuesto al encierro.  Los lentes ópticos no son la excepción. Por eso, hoy caminamos puntuales hacia la óptica donde más tarde descubrirá que es miope. El ex guerrillero internacionalista tiene una anomalía en los ojos que no le permite ver de forma clara, sino más bien borroso, los objetos lejanos.

-“Lo contrario pasa en la política. Con los años vemos más claro los errores”, bromea al salir de la consulta. Y agrega en tono serio: “Objetivamente, nosotros cometimos errores y esos fueron los aciertos del enemigo”.

Uno de esos aciertos del enemigo fue cuando la policía peruana dio con la casa de seguridad donde pasó un mes, luego de detectar que lo estaban siguiendo. Ese mismo día, Castillo Petruzzi pensaba abandonar el Perú.

Aunque los medios lo acusaron de escudarse, con metralleta en mano, detrás de una anciana, Castillo Petruzzi desmiente esta versión. Dice que la policía los acorraló, pero que ellos jamás faltaron a su ética. No traficaban, ni colaboraron con el narcotráfico ni tuvieron blancos civiles. Asegura que vestían uniformes militares en el campo para ser identificados y no ser confundidos con los campesinos. Acepta, que hubo un número menor de víctimas que no pudieron evitar.

-”Nosotros  como  organización  hemos  pedido disculpas a los deudos de esas familias. A diferencia del terrorismo de Estado, que sí afectó directamente a la población civil con sus bombardeos masivos, con sus torturas sistemáticas, con las desapariciones absolutamente masivas”, dice Castillo Petruzzi.

Eran los primeros años gobernados por Alberto Fujimori, ex presidente del Perú que durante una década cometió ilícitos que iban desde lo financiero, con escándalos de corrupción, hasta el terror, con violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad que hoy lo tienen cumpliendo una condena de 25 años.

Pero ese 14 de octubre de 1993, Jaime Castillo, pagó el precio de una seguidilla de errores que terminaron con su detención. A eso le continuó un juicio de apenas tres horas frente a un tribunal militar sin rostro. Allí comenzaron varias irregularidades, en donde la arbitrariedad era el denominador común. Los propios abogados no tuvieron acceso a los expedientes.

Hacinados, en las peores condiciones, los prisioneros permanecían aislados, en celdas mínimas sin baño ni luz. Apenas contaban con 5 minutos para salir agachados, en cuclillas y custodiados por dos policías con fusil en mano apuntando sus cabezas. En eso 5 minutos, una vez al día, los prisioneros debían elegir entre ir al baño, cepillar sus dientes o tomar una ducha.

Fue la primera vez que Castillo Petruzzi enfrentaba esas condiciones carcelarias y durante esos tres meses, en los que estuvo detenido en la base aérea Las Palmas de la Fuerza Aérea del Perú (FAP), su cuerpo se acostumbró a permanecer doblado en un espacio que compartía con otros 10 compañeros del MRTA, entre los cuales habían 5 chilenos y 6 peruanos.

Entre la oscuridad y la tortura psicológica, hubo algunos arrepentidos que pedían una segunda oportunidad en medio de sollozos nocturnos. Él, en cambio, permanecía firme y para no ceder a la locura o al miedo, cantaba Venceremos o el Himno de los trabajadores a viva voz, recitaba poesía o invitaba a sus compañeros a reflexionar sobre distintos momentos de su lucha.

Jaime Castillo está consciente de que su pasaporte chileno espantó la posibilidad de ser torturado físicamente. Aunque sí hubo condiciones que dañaron su estado físico y psicológico.

-”Ahí comprobamos que el hombre es un animal de costumbre. El cuerpo se acostumbró, . entonces cuando salias en posición de rana, hacías tus necesidades en un minuto, y después te bañabas y volvías”, reconoce Castillo.

Luego de tres meses detenido entre la Dirección Nacional contra el Terrorismo (Dircote) y la FAP, de decenas de interrogatorios y presión psicológica, fue  trasladado a un penal civil. La condena fue una decisión política del Estado: cadena perpetua para todos por traición a la patria.

“Chileno, te voy a matar”, amenazaban a Jaime Castillo, quien luego de 23 años recluido en prisiones peruanas tiene un inconfundible acento peruano. Tres de sus hijos comparten esa nacionalidad y varias palabras recurrentes en su vocabulario reflejan la fusión cultural después de años de convivencia.

Castillo  compara  las  irregularidades  con  que fue juzgado con lo que sucede con la Ley Antiterrorista chilena, donde existen testigos protegidos. “Es lo mismo, no ha cambiado nada en todos  estos  años.  En  el  Perú  hasta  el  dia  de  hoy,    así  como  en  Chile,  tenemos  las constituciones dictatoriales. Eso es inconcebible, hermana”, señala incrédulo. Y agrega: “En Chile tenemos 26 años de democracia y seguimos con la misma constitución. En Perú tenemos desde el año 2000, y todo lo que levantan asamblea constituyente, nueva constitución ha sido estigmatizado”, dice con la certeza de quien sabe de estigmas.

Al MRTA se le acusó de todo. Sus años de acción coincidieron con los de la organización Sendero Luminoso, perteneciente al Partido Comunista, con la que siempre han mantenido distancia y han marcado sus profundas diferencias en cuanto a estrategia y procedimientos. Pero los medios de comunicación, en medio de la vorágine de enfrentamientos entre uno y otro bando, señaló al MRTA como responsable del asesinato a civiles y de sembrar el terror entre la población. También fueron acusados de homofóbicos y de perpetrar asesinatos u ataque a homosexuales.

-”Nunca fue política de la organización el asesinar a gente por su orientación sexual. Nunca lo fue ni en los documentos ni en la actitud de los dirigentes. Ha sido una metida de pata de mandos locales, enceguecidos, y esto lo han utilizado para decir que el MRTA es homofóbico”, aclara ante la pregunta y asegura que dentro del MRTA hubo varios compañeros y compañeras homosexuales  a  quienes jamás se les juzgó por esa razón y sólo se les evaluó por su desempeño y compromiso político.

En este segundo encuentro, Jaime Castillo, se acerca a la grabadora y aprovecha de despejar otro  aspecto que, según su versión, no es más que un mito: “Yo nunca fui uno de los tres líderes.   Fui un cuadro medio. Tenía responsabilidades, pero no era ninguno de los tres primeros”, dice para luego señalar a Víctor Polay Campos, Miguel Rincón Rincón y Néstor Cerpa Cartolini como los tres primeros en orden jerárquico del MRTA:

De su paso por la cárcel de Lima, en Miguel Castro Castro, recuerda las condiciones en que encontraron el recinto con apenas 600 personas de su capacidad para 1200 presos.  Fue poco después del ataque por tierra y aire que terminó con la vida de más de 200 prisioneros políticos de Sendero Luminoso y del MRTA, en una matanza en la que se responsabiliza a Fujimori.

En esas condiciones de reapertura, recién comenzaba una batalla judicial que tuvo varios reveses durante los   23 años de reclusión.  Aunque sabían que la cadena perpetua no se concretaría,  los emerretistas   confiaban   sobre   todo   en  que  sus  compañeros  no  los abandonarían y más temprano que tarde iban a planificar un rescate.

Jaime, el hombre macizo y de sonrisa recurrente, se emociona al recordar el bullado episodio de la toma de la residencia del embajador japonés en Lima, el 17 de diciembre de 1996. Ese día, miembros del MRTA tomaron como rehenes a diplomáticos, militares y funcionarios de alto rango del gobierno de Fujimori. Luego de 125 días, la toma terminó con un rescate protagonizado por las Fuerzas Armadas de Perú en la que murieron todos los militantes del MRTA.

Derrotada la vía del rescate, la estrategia de liberación se enfocó en el derecho internacional. Con  la ayuda de un grupo de abogados, entre ellos los chilenos Verónica Reyna, de la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas  (Fasic), y Nelson Caucoto, Corporación de Promoción y Defensa  de los Derechos del Pueblo (Codepu), presentaron el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, una vez que se agotaron todas las instancias nacionales. En mayo de 1999, el caso pasó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), donde se atestigua que no había ningún tipo de voluntad política ni jurídica de parte del Estado peruano.

Pidieron su libertad inmedia por todos los vicios procesales,  por la tipificación del delito y, sobre  todo,    por considerarlos   traidores a la patria,   una cosa ilógica, considerando su nacionalidad chilena. Todo esto sin una defensa  adecuada, sin un proceso legal bajo los estándares internacionales y sometidos a fuertes presiones psicológicas, incluídos los abogados, quienes recibieron presión política y acoso.

El 2003 comenzaron los nuevos juicios, en un momento en que el país vivía una transición política post era fujimorista y tras un breve gobierno de Valentín Paniagua. Con Alejandro Toledo en la presidencia, se realizó un nuevo juicio que duró 4 meses. A uno de los compañeros lo condenaron a 15 años, a otro a 18, a uno a 20 y a Jaime Castillo Petruzzi, a 23 años. Gracias a un movimiento político importante, apoyado por organizaciones de izquierda y progresistas, el Partido Comunista logra recolectar medio millón de firmas y gracias a una iniciativa ciudadana con la que el Congreso apruebe beneficios penitenciarios para todos los presos políticos del Perú. Esa nueva condición, le otorga a Castillo Petruzzi la posibilidad de salir en libertad a los 17 años de pena, es decir, en 2010.

Todos los chilenos consiguieron la salida en menos años gracias a los beneficios, salvo Castillo Petruzzi. Ahí aparecería nuevamente en la historia Alan García Pérez, quien bajo su segundo mandato como presidente cortó todos los beneficios, el 14 de octubre de 2009. Con un decreto de ley, el mismo que según los medios era amigo de Castillo Petruzzi, postergó su posibilidad de recuperar la libertad.  No importó su buena conducta, las horas de estudios universitarios certificados dentro del penal, ni las horas de trabajo. Los días en la cárcel continuaron con la esperanza puesta en el 2016.

El arte y el amor

Aunque Jaime Castillo Petruzzi asegura que donde más temió por su vida fue en la cárcel, en su encierro también supo de amor y pasión. Allí conoció a su actual pareja, Maite, quien por esos días visitaba a su padre, Walter Palacios, periodista y también preso político. De esos encuentros nació una pasión incontrolable que los convenció de terminar con sus respectivas relaciones y enfrentar el futuro juntos.

Maite Palacios dejaba su vida en Italia, mientras intercambiaba mensajes de texto con su nuevo enamorado. Jaime Castillo, al otro lado del océano y tras las rejas, transcribió en una libreta cada una de las respuestas de Maite. Mientras el tiempo transcurría entre mensajes telefónicos y días de visita, nacieron sus dos hijos, Paula y Rocco, de 11 y 6 años respectivamente.

Esta tarde, en el café, Jaime Castillo Petruzzi, cambia el tono alegre y optimista con que se expresa. Su voz se quiebra al recordar el nacimiento de sus hijos, los que sólo pudo seguir por teléfono, alentando a su compañera y escuchando el primer llanto de los más pequeños de sus 5 hijos. Dice que desde los 15 días de nacidos Maite los llevaba a la cárcel para comenzar una rutina que jamás cesó. Dice, también, que los niños siempre han sabido por qué su padre estaba preso, a qué grupo pertenecía y por qué vivían esa situación.

Tercer encuentro: La lucha sigue

La  última  cita  se  produce  un  poco  más  alejada  del  centro de Santiago, en una de las dependencias de su nuevo trabajo. Jaime prepara café de grano, dispone dátiles y pistachos para desayunar. El ritual, es parte de los pequeños placeres que adquirió cuando se instaló solo y menor de edad en París, sin hablar ni una palabra de francés. Allí aprendió la lengua de Molière de la mano de argelinos, marroquíes y palestinos. Con un marcado acento árabe,

Jaime  comenzó  a  dominar  un  idioma  que  años  más  tarde  se transformaría en su gran distracción, pues se dedicó por mucho tiempo a impartir talleres de francés a sus compañeros internos y funcionarios de la policía. También domina el italiano y dice orgulloso algunas frases en árabe que, pese a los años, jamás olvidó.

En la cárcel el tiempo es lo único que sobra. Con la disciplina de la militancia aprovechó las horas, los días y los años en aprender a trabajar la cerámica, creando obras que después serían las protagonistas de exposiciones en España, Francia, Italia y Chile. Una entrada de dinero que no venía mal.

Aprendió también a tejer en macramé. Una cura para el estrés que conlleva la espera. Un recuerdo que hoy luce en su muñeca derecha en una pulsera que combina hilos en rojo y negro, los colores oficiales del MIR y del MRTA.

Además, realizó talleres de karate y mantuvo constantes encuentros con políticos, periodistas, miembros de la Cruz Roja y una larga fila de visitantes. En esas circunstancias fue que conoció a Víctor Hugo de la Fuente, director del periódico francés Le Monde Diplomatique-Chile, quien en un viaje a Lima se animó a visitarlo en la cárcel. Durante años de la Fuente le envió correspondencia y material literario, pero sólo en ese viaje comenzó una amistad que se afianzó en el tiempo. Por eso, cuando supo que se había confirmado la fecha de su liberación, no dudó en comprar un pasaje a Lima y acompañar a su amigo Jaime en el esperado retorno a su país.

“Me parecía necesario que no viajara solo. Emocionalmente, creo que era mejor que estuviera acompañado y fue asi como nos encontramos minutos antes de abordar el avión”, relata un mes después Víctor Hugo de la Fuente.

El director de Le Monde Diplomatique fue testigo privilegiado de las últimas horas de Castillo Petruzzi en Perú, justo antes de su expulsión de por vida del vecino país. En el avión, la entusiasta conversación hizo que el viaje se hiciera corto y que pese a la importancia del acontecimiento, Castillo Petruzzi se mostró  “fuerte, entero, alegre y, por supuesto, emocionado”.

Aunque fue retenido por la Policía de Investigaciones apenas pisó el salón internacional del aeropuerto Arturo Merino Benítez, el interrogatorio que parece ser parte de la rutina habitual tras una deportación, fue en un tono amable y respetuoso.

Cuando  se  abrieron  las  puertas  automáticas  de  la salida de pasajeros de vuelos internacionales,  se  escuchó  una  ovación. Decenas de personas lo esperaban con cantos, banderas, guitarras y aplausos.

Quien había sido expulsado como terrorista por las autoridades peruanas, era recibido como héroe por sus compañeros de vida y de lucha. Eran las dos caras de una misma moneda que, en ambos casos, confirmaban una manifestación política  que no dejaba lugar a interpretaciones.

“Hice lo que tenía que hacer,  que era acompañarlo. Ya  lo había ido a ver muchas veces desde hace como 15 años”, recuerda emocionado de la Fuente, quien dice que el resto no necesita descripción pues las imágenes hablan por sí solas.

-“Realmente emocionado a decir basta. Imposible describir este momento con palabras”, decía esa noche Castillo Petruzzi.

Un mes después Jaime Castillo describe con palabras lo que fue ese día, pero se quiebra al recordarlo.

-“Ha  sido  un  periodo  de  nuestra  vidas,   de todos, de prueba, de poner adelante nuestras convicciones. Nos consideramos sobrevivientes a la dictadura, al militarismo. Hemos mantenido la dignidad de los presos políticos revolucionarios del continente, de Chile, del Perú. Venimos con la más amplia voluntad de juntarnos a la construcción del mundo  nuevo,  para  seguir  empujando el carrito de la Historia, con humildad, con mucha humildad.   Ser uno más”, decía Castillo ante los medios que se congregaron ese 15 de octubre en el aeropuerto.

Hoy, como uno más, analiza el acontecer político y social mientras sorbe su café. Confiesa que no deja de sorprenderse cómo los medios de comunicación han manipulado tanto la información. Destaca la figura de Nelson Mandela, de quien dice admirar la convicción de sus actos, los sacrificios personales que tuvo que asumir y cómo la Historia terminó reconociendo su recorrido, cuya lucha armada fue tachada de terrorista, para ser merecedor finalmente del Premio Nobel de la Paz.

Es difícil no hacer la comparación con quien fuera considerado el preso político más famoso del mundo, luego de 27 años de prisión. Por eso, lo instala junto al Che, a Trotsky,   Lenin, Ho Chi Minh y Fidel Castro, dentro de los revolucionarios que más admira.

Ha sido un mes de actividades intensas. Antes de eso, los últimos 15 días de sus 23 años en prisión fueron frenéticos. Aprovechó de participar en todas las actividades y homenajes en su honor. Hizo correr un cuadernos donde sus compañeros estamparon mensajes con buenos deseos, números y direcciones para no perder el contacto. En él se leen dedicatorias en francés e italiano de quienes por años fueron sus alumnos.

-¿Valió la pena?, le pregunto.

-”Por supuesto. Estoy vivo. Soy sobreviviente. Y tenemos mucho por hacer todavía.

La lucha sigue compañera”, me responde con una sonrisa plena, mientras sigue repasando los mensajes que escribieron sus compañeros.

En la página del “día cero”, apuntado en su agenda roja donde llevaba la cuenta regresiva , aparece  escrito  en  mayúsculas  la  palabra  Nascere,  que  en italiano significa nacer. Está apuntada justo debajo de donde se lee “14 de octubre”. Ese día, a los 60 años, Jaime Castillo Petruzzi dice que volvió a nacer.

 

JAIME CASTILLO PETRUZZI …en Chile

Publicado el 15 oct. 2016

“Nos consideramos sobrevivientes a las dictaduras, al militarismo, hemos mantenido la dignidad de los presos políticos revolucionarios del continente, de Chile, de Perú….Venimos con la más amplia voluntad de juntarnos a la construcción del mundo nuevo, seguir empujando el carrito de la historia, con humildad, con mucha humildad, ser uno más. Pero lo que más queremos trasmitir, es dignidad. La dignidad del prisionero político, la dignidad del luchador social”.

La visión de un medio de TV peruano de Jaime Castillo Petruzzi

¿Quién fue Jaime Castillo Petruzzi y cómo llegó a integrar el MRTA?

Hace 7 horas

El terrorista del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) Jaime Castillo Petruzzi salió en libertad tras cumplir 23 años de condena. El ex número 5 de la cúpula emerretista fue trasladado en una camioneta especial hacia el aeropuerto Jorge Chávez, desde donde fue expulsado a Chile, su país de origen.

Pero ¿quién fue Castillo Petruzzi y cómo llegó a nuestro país? En la década del 70, este ciudadano chileno fue deportado por el gobierno de Augusto Pinochet a Francia. Allí estudió en la Universidad la Sorbona de París, cursando estudios con Víctor Polay Campos.

Una vez instalado en nuestro país, el extranjero comenzó a integrar las filas del MRTA, tanto que se volvió una persona de total confianza.

Secuestraron a decenas de empresarios a cambio de millones de soles y los encerraron durante semanas o meses en las denominadas cárceles del pueblo. A su cargo estuvo el secuestro más sonado de entonces, el del empresario Raúl Hiraoka Torres, que finalmente lo llevó a la cárcel.

Fue capturado en Surquillo cuando huía por los techos de las casas con una metralleta en la mano. Incluso, amenazó y retuvo a una anciana con tal de no ser detenido. Un hombre calculador e inteligente que se hizo cargo del aparato financiero de la organización terrorista.

Cabecilla del MRTA es excarcelado y será expulsado a Chile

Ayer, 02:57 PM

El condenado por terrorismo Jaime Castillo Petruzzi, uno de los cabecillas del movimiento revolucionario Túpac Amaru (MRTA), deberá ser expulsado hoy a Chile,  así lo confirmó el Procurador Público especializado en delitos de terrorismo, Milko Ruiz Espinoza.

Castillo Petruzzi fue capturado el 15 de octubre de 1993, tras el rescate del empresario Raúl Hiraoka, además figura como autor del secuestro de doce empresarios y de la muerte de ocho soldados y policías.

blob:http://www.dailymotion.com/abad2e59-9abc-409d-89e6-fe0dce909924

Mas antecedentes de este medio (panamericana TV) en

http://panamericana.pe/tags/mrta

Actualización: Torito en el aeropuerto de Lima, junto con Víctor Hugo de la Fuente, director de Le Monde Diplomatique, hoy, 14/10/2016, en momentos previos a tomar el avión a Chile.

torito-y-vh

JAIME CASTILLO

Jaime Castillo Petruzi, preso político chileno por 23 años en Perú

¡Ya está confirmado!

Jaime toma vuelo en Lima, Perú, de las 17:30 (hora peruana) llega a Santiago de Chile a las 23:05 hrs. Su vuelo es el Sky 801

 

Ya partió  para el aeropuerto con una tremenda comitiva de policías 8 vehículos

El combatiente internacionalista Jaime Castillo Petruzzi ha recuperado su libertad, luego de participar en las luchas con el hermano pueblo del Perú, a través del MRTA (Movimiento Revolucionario Tupac Amaru), producto de lo cual fue detenido y sentenciado a 23 años de prisión, por tribunales militares de la Dictadura de Fujimori.

torito

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2 respuestas a Actualización.- El armisticio de Jaime Castillo Petruzzi – Torito un mes en Chile. Crónica| Jaime Castillo Petruzzi, el retorno de un sobreviviente – JAIME CASTILLO PETRUZZI …en Chile: DIGNIDAD!!! (video) – ¿Quién fue Jaime Castillo Petruzzi y cómo llegó a integrar el MRTA? (TV peruana) – Torito en el aeropuerto de Lima – En libertad “Torito”: Jaime Castillo Petruzzi, preso político chileno, salió hoy, 14/10/2016, desde las cárceles peruanas, luego de 23 años de encierro.

  1. Reblogueó esto en El Taller Chiley comentado:
    Torito libre!

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  2. ¡¡¡Celebro con ustedes la liberación de Jaime Castillo Petruzzi,!!!

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